Juliette Binoche, sus labios, su sonrisa como una ciénaga dulce de chocolate. A la Binoche, a su hija, y al canguro imaginario que viaja con ella, les trae un viento frío del norte, un vendaval arisco que abre violentamente la puerta de la iglesia de un pueblo que descansa su belleza medieval en los márgenes de un río. Viene dispuesta a abrir una chocolatería en la que unas veces venderá chocolate, y en otras, remedios achocolatados para males del corazón basadas en fórmulas mayas de cocina del cacao y en la herencia mágica de su abuela errante.
Mentidero: 1. m. coloq. Sitio o lugar donde se junta la gente ociosa para conversar.
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lunes, 17 de noviembre de 2014
Chocolat
Juliette Binoche, sus labios, su sonrisa como una ciénaga dulce de chocolate. A la Binoche, a su hija, y al canguro imaginario que viaja con ella, les trae un viento frío del norte, un vendaval arisco que abre violentamente la puerta de la iglesia de un pueblo que descansa su belleza medieval en los márgenes de un río. Viene dispuesta a abrir una chocolatería en la que unas veces venderá chocolate, y en otras, remedios achocolatados para males del corazón basadas en fórmulas mayas de cocina del cacao y en la herencia mágica de su abuela errante.
viernes, 3 de octubre de 2014
Deliciosa Martha
“Deliciosa Martha”
es una película para ir con el estómago lleno y con hambre de cine. La mano de
Sandra Nettelbeck, su directora y guionista, ha ligado una salsa lírica con el
punto justo de ternura, sirviéndose de ingredientes tradicionales como el amor,
la soledad y la muerte, salpimentados con una pizca de humor y unas gotas del
vinagre dulce del deseo.
jueves, 2 de octubre de 2014
Lucía y el sexo
Lucía y el sexo es la historia
de una geometría imposible que moldea los vértices de un triángulo pasional
hasta conseguir el milagro de un círculo mágico de amor. Historias escalonadas en el tiempo y en el
espacio, unidas por el hilo invisible de un destino común a orillas del
Mediterráneo. En Lucía y el sexo, Julio Medem, como ya hiciera en Los Amantes
del Círculo Polar, vuelve al juego poético de hacer del tiempo un protagonista
recurrente e imprevisible, que sólo al final muestra el truco de su geografía
circular para que nos venga de golpe, como una revelación, el sentido último de
la película.
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