jueves, 17 de marzo de 2016

A falta de cabra




A falta de cabra, vale una gitana rumana para que unos cuantos seguidores del PSV Eindhoven, exhiban su estupidez y su mala baba, mientras se toman una cerveza en una terraza de la Plaza Mayor de Madrid.

Qué ganas de darles una hostia a cada uno de ellos, de verlos ateridos de frío y de miedo detrás de una alambrada que les cierre la puerta a la Europa donde ellos viven y exhiben sin pudor su condición de miserables.

Qué pena que no haya Dios que imponga esa Justicia Universal que debería llevar a cada uno de estos gilipollas a lavar de rodillas los pies de tantos pobres, que están llenos de mugre, de llagas, de miedo y de la dignidad que a estos patanes les falta.

Cómo me alegro de que Juanfran metiera el último penalti.

viernes, 5 de febrero de 2016

OLA K ASE



“También el silencio es una opinión a veces" (Aristóteles)

Harto de mensajes inútiles, de información que yo no he pedido, de ese incesante bombardeo de ofertas que cada vez aciertan más con mis gustos por obra y gracia de las cookies, veo cada vez más nítido y más abierto el ojo que nunca parpadea del Gran Hermano que habita la red y la pone al servicio del consumismo más feroz.

lunes, 26 de octubre de 2015

Salvar al hombre con un "click"




En su poema “Los justos”, Borges venía a decir que aquellos que esperan que el otro tenga razón están, sin saberlo, salvando el mundo. Si esto es así -y a Borges suelo créele a pie juntillas-, yo estoy en esa tarea de salvar a la humanidad porque quiero creer que quienes manejan el entramado de estas plataformas mediáticas como change.org, tienen razón, y que haciendo un simple “click” sobre una petición justa, puede obrarse el milagro de evitar una lapidación, una doble comisión bancaria, o que a Ali al-Nimr, un muchacho que tenía diecisiete años cuando le detuvieron por participar en una manifestación de protesta contra el gobierno de Arabia Saudí, le decapiten y después exhiban, como un trofeo, su joven cuerpo inerte y mutilado.

Que no quede por mover el dedo índice, ése que acusa, que aprieta gatillos, también tiene que servir para salvar al hombre presionando sobre el ratón o la pantalla hasta conseguir un “click” con el que nuestra conciencia se tome un respiro, al menos hasta la siguiente petición.

viernes, 4 de septiembre de 2015

La playa




Si estuviera sobre una cama de sábanas deshechas todos pensaríamos que está profundamente dormido, pero es agua y es arena la que cubre su cara de niño muerto. Ese abandono de su cuerpo no es fruto del sueño sino del agua que sembró de sal marina sus pulmones. En el vaivén mínimo del mar se repite la historia de espanto que siempre acompaña al hombre. No aprendemos. Las olas sin fuerza mecen una cuna de agua, el son de mar es una nana que suena a réquiem. Todo inútil ante esta tragedia repetida. El agua viene y va mojando su piel blanca y fría;  no sabe que la infancia es ese jardín secreto donde la muerte no debería jugar al escondite.  

El niño muerto nos deja con la boca llena de arena, de agua salada y de vergüenza. Nos señala a todos: a ti, a ti, a mí… A todos.

martes, 2 de junio de 2015

Simetrías razonables



Decía Guillermo Cabrera Infante que el mar es otro tiempo, el tiempo visible, otro reloj.  Esta metáfora tremenda viene muy al caso, primero, porque estas líneas van de las distintas hechuras que gasta el tiempo para saltar adelante y atrás en su corriente imparable; y segundo, porque escribo estas líneas un día de lluvia, a orillas del mar, muy lejos del monte que es el ramaje propio de mis escritos; y en tales circunstancias – el cielo por fin gris, las olas batiendo incansable, tenazmente-  es inevitable que el poeta adolescente que alguna vez fuimos nos asalte a punta de navaja para exigir su parte alícuota del pastel. Habrá, pues, que dejarle hacer.

martes, 5 de mayo de 2015

Líneas sombras



   
Liliana Muente
   
Qué nombre he de ponerle a ese fantasma
    nacido de mí misma. Cuenco estrecho
    que me hace creer espejo, el espejismo.
    Nudo del corazón siempre deshecho,
    que en cada contrapunto se entusiasma
    y olvida aquel ritual del exorcismo.
    Altar del erotismo:
    filosa dentellada
    de tu verdad negada.
    Condensas en tu máscara sombría,
    tu digna inclinación a la herejía
    de abandonar mi boca tan sedienta,
    en tiempos de sequía.
    Estoy dando razón a la tormenta.