miércoles, 18 de marzo de 2015

Fetiches




Tengo tu olor a tierra abierta flotando en las sábanas. En la mesilla: una foto rota de boda, tus gafas y  un pendiente de aro. Están todos los fetiches de que dispongo, pero tú no.

Lobos insomnes



 

 "... dándole de comer a los lobos que salieron de los sueños"  Graciela Wencelblat

Lobos insomnes para las noches del que escribe versos. Al poeta, en sus sueños, los lobos le comen los hígados, otros buitres voraces de pico corvo que clavan los dientes para luego lamer la herida. La saliva como una pátina de misericordia. Al poeta se le llenan las noches de lobos negros y los días de agua fresca, como en un conjuro medieval para ser inmortal.

martes, 3 de marzo de 2015

Nos vemos (septiembre de 2004)



 “Mire no sea perezoso, sino levántese de la cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado..”

Don Quijote de la Mancha (Capítulo  LXXIV)

A mi tío Antonio

 No hay marino que se precie que no guarde su rosa de los vientos en una caja de zapatos. Todos tenemos una fotografía a la que de cuando en cuando acudimos a llorar. Son referentes que uno guarda, quizás de forma inconsciente, pero que igual hacen de guía cuando no se encuentra la senda por más palos de ciego que se den.

Pipo, el bueno.



Cuando las puertas del furgón se cerraron, Pipo sintió algo así como una caída interior, una tristeza súbita y definitiva. Aquel quebranto le venía del estómago, que es donde los perros sienten primero las desgracias, por eso, cuando vio alejarse la imagen de su dueña a través del cristal sucio del portón, supo que nunca la volvería a ver y que todo lo más tendría que conformarse con su recuerdo. Quizá por eso se tumbó, cerró los ojos  y dejó que los baches de la carretera le ganaran algo parecido al sueño: el duermevela en el que los perros dejan correr el tiempo cuando éste ya es inútil.

viernes, 13 de febrero de 2015

Narciso frente a Facebook



"Todas las almas llevan
sangrando su corona "
 Acordes a T.L. de Victoria (José Hierro)
 
Facebook no es más que una arquitectura virtual que descansa sobre un entramado de amistades que en su mayoría son falsas o de conveniencia. En muchas ocasiones, más que amigos, en Facebook, Twitter y otras redes análogas, buscamos un público, una audiencia entregada a la causa, un aplauso imaginario con el que sentirnos un peldaño más arriba en el nivel de influencia o notoriedad social. Todo, con el fin último de vernos más guapos en el espejo.

martes, 10 de febrero de 2015

Los lobos del terror



Homo homini lupus.    Plauto  (Asinaria, 495)                                          

 Comienzo estas líneas pocas horas después de los atentados de Madrid del 11 de marzo de 2004. La matanza está hecha y la sangre seca e inútil de muchos cadáveres no hay forma ni ganas de borrarla del recuerdo. La rabia y el dolor son ahora el único argumento. Un río de odio comienza a correr por las calles de la ciudad; es la gota fría que viene de la muerte. Los lobos del terror han reventado trenes para sembrar los andenes con flores de sangre.

miércoles, 28 de enero de 2015

Galgos y manzanas



En la hechura de los galgos hay mucho de viento, como si el aire les habitara los huesos, a modo de pájaros. Sus patas tienen un no sé qué de alas frustradas, condenadas a volar a ras de páramo y barbecho en un vuelo que nunca termina de despegar, quizá sea porque el de las liebres tampoco lo hace. La sombra de los galgos – que corre tanto como ellos - tiene forma de neblí pues a la galga primera la preñó un halcón volantón que andaba enamoriscado de sus curvas de viento mamífero. A estos perros la velocidad les sustancia la vida; y también se la quita, cuando les falta.

domingo, 18 de enero de 2015

Je ne suis pas charlie



Veo la atrocidad en la televisión. Resulta que hay una pequeña parte del Islam que todavía cree que las puertas del Paraíso pueden abrirse con las manos manchadas de sangre, que hay un Dios que, para solaz del mártir, premia la muerte con una orla de vírgenes en algo parecido a un celeste Punta Cana con todo incluido. 


Resulta también que Occidente tiene la apócrifa certeza de creer inmutables ciertos principios básicos sobre los que se asienta su pesada arquitectura. Uno de estos valores universales que considera dogma de fe es la libertad de expresión. Al calor de su brasero se han quemado demasiadas personas en Paris hace pocos días a manos de unos descerebrados que tomaron como ofensa el  ejercicio de este derecho. Sin embargo, sinceramente creo que esas viñetas estaban fuera de lugar porque nunca entendí qué necesidad había de hacer unas caricaturas a sabiendas de su carácter ofensivo, ni tampoco la necesidad de darles a estos terroristas una justificación – sí, ellos lo ven así-  para llevarse por delante la vida de tanto inocente.


Respiro aliviado y no me siento solo cuando el Papa Francisco pone el sentido común al decir que la libertad de expresión tiene límites, que decir, escribir o dibujar lo  que a uno le viene en gana vale siempre que sirva para apoyar al bien común, pero que no se debe ofender de forma gratuita y deliberada; y yo, sinceramente creo, que en esas viñetas la ofensa estaba garantizada “ab initio”. Prueba de ello ha sido la unánime reacción de condena del mundo islámico que, aun desmarcándose – sin la debida contundencia- de la barbarie terrorista, ha mostrado su malestar ante los dibujos de su profeta.


El problema, en fin, no es otro que la definición de los límites del ejercicio de este derecho, cuya fijación, no es ni podrá será nunca universal, porque estas fronteras invisibles que lo limitan cambian más que la arena del desierto, al depender de parámetros que, como en este caso, pueden llegar a ser contradictorios. Así, lo que para Occidente resulta un evidente ejercicio de humor y crítica satírica cuyo objetivo último es una sonrisa, una crítica y una reflexión; para el fundamentalismo islámico es un imperdonable insulto a Mahoma. 

Creo llegado el momento de que la vieja Europa haga un alarde de elegancia y, sin dar un paso atrás en las libertades conseguidas, haga uso de su “savoir-faire” para no echar inútilmente gasolina al fuego. Todo sea por no ver más sangre perderse por el estéril desagüe de la Historia.